Entenderás entonces, que el éxito no lo determina únicamente el dinero, ni el poder que brindan las riquezas materiales y aunque estas son imprescindibles para la subsistencia, el éxito debes buscarlo en tu propia paz interior.
Si basas la construcción en el amor te llegará más fácil el dinero, pues los dos conforman el pegante perfecto que te facilitará el ascenso a escalones superiores. Si no olvidas el resto de la mezcla; la voluntad, los valores, la fe y el entusiasmo, conseguirás todo lo que te propongas en la vida y alcanzarás la felicidad. Grábate la frase de L. Tolstoi: “El secreto de la felicidad no está en hacer siempre lo que se quiere, si no en querer todo lo que se hace” y así entenderás la angustia padecida por la mayoría de personas que te rodean.
Construye tu propia escalera a la medida de tus pasos y de tu anhelo, sin convertirla en una obsesión; esta fluirá ágilmente si te dedicas a construirla en forma natural. No obstante, debes pensar en grande, pues es condición indispensable para alcanzar el éxito.
Aleja de ti el temor más arraigado en el hombre, que es el de dar un nuevo paso y empieza ya. No importa tu edad ni tu condición social. Nunca es tarde para empezar. Anímate; piensa en tu familia, tu futuro, tu sueño; da gracias a Dios por tus ojos que ven cuando hay tantos sin luz, por tus manos que trabajan cuando hay tantos que mendigan; contempla tus brazos abiertos y piensa en tus hermanos mutilados. El milagro de estar vivo es por si solo un motivo; solo cuando decidas dar un verdadero sentido a tu vida, te podrás considerar el constructor de tu propia escalera.